El texto sostiene que el cardenal Víctor Manuel Fernández sufre un claro odium plebis entre los fieles católicos practicantes, lo que impide que ejerza eficazmente su misión como prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Por analogía con el derecho canónico, el autor afirma que, más allá de su culpa personal, esta pérdida de autoridad y confianza justificaría su relevo, ya que sin auctoritas no puede cumplirse el fin supremo de la Iglesia: la salvación de las almas.